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La independencia de 1810 buscaba liberarnos de un poder extranjero que controlaba nuestras decisiones políticas y económicas. Hoy, ya no tenemos virreinatos, pero vivimos en un mundo donde nuestras elecciones de consumo, comunicación y estilo de vida están fuertemente ligadas a otros países.

El café que tomamos viene de cadenas internacionales, aunque irónicamente México es productor de café de excelente calidad.

Nuestros celulares y gadgets provienen de Asia.

Gran parte de nuestra ropa es confeccionada en fábricas extranjeras.

Incluso muchos de nuestros símbolos culturales se reinterpretan bajo marcas globales.

Entonces, ¿qué significa independencia en una era donde la globalización dicta el mercado?

¿Consumidores independientes o dependientes?

No se trata de demonizar lo extranjero. Al contrario: vivimos en un mundo interconectado donde el comercio internacional es necesario y positivo. Pero sí es válido reflexionar:

¿Realmente fomentamos el consumo de lo nacional?

¿O solo en septiembre nos acordamos de “lo mexicano”?

¿Qué pasaría si apostáramos más por nuestras marcas locales, nuestras cafeterías, nuestros emprendedores?

La independencia de hoy no se mide con batallas ni cañones, sino con la capacidad de decidir qué consumimos, a quién apoyamos y qué valores defendemos como sociedad.

La independencia como elección diaria

Celebrar la independencia no debería limitarse al grito del 15 de septiembre. Podría significar:

  • Tomar café de productores mexicanos en lugar de cadenas globales.
  • Comprar ropa de diseñadores locales.
  • Usar tecnología desarrollada en Latinoamérica (sí, hay proyectos emergentes).
  • Apostar por negocios de tu ciudad.
  • La independencia moderna está en cada peso que decides gastar y en cada producto que eliges consumir.
  • Entonces… ¿somos independientes?
  • Quizá la respuesta más honesta sea: no del todo.

Somos parte de una red global que nos hace depender de otros países en múltiples aspectos. Pero también tenemos la capacidad de fortalecer nuestra propia economía y cultura si tomamos conciencia de nuestras decisiones.

La independencia de México en 2025 no es blanco o negro. Es un mosaico fracturado, lleno de ironías: gritamos libertad, pero nos vestimos con dependencias importadas.

Reflexión final

En este septiembre, mientras celebramos a los héroes de 1810, pensemos también en las batallas del presente:
¿cómo logramos ser más independientes en un mundo donde todo está conectado?
¿cómo apoyamos lo nuestro sin cerrarnos al mundo?

💬 Cuéntanos tu opinión en los comentarios: ¿México es realmente independiente hoy… o solo independiente “de nombre”?

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